POV– JAVIER.
El chirrido de los barrotes al abrirse me atravesó como un cuchillo oxidado. El guardia me dijo que tenía visita. Por costumbre, mi primera reacción fue negarme. No soportaba ver a nadie, mucho menos a alguien de mi familia. ¿Para qué? Para recordarme lo que había perdido, para mostrarme con sus ojos que me habían enterrado vivo.
Pero entonces escuché el nombre.
Martín Rodríguez.
Mi padre.
El estómago se me encogió. Hacía meses que no lo veía. Parte de mí quería escupir en el suelo