Capítulo 16.

No dormí esa noche. El hospital, con su olor a desinfectante y pasillos interminables, me estaba volviendo loca. Las imágenes de Nicolás desplomándose en mis brazos, su sangre empapándome, eran una pesadilla que no me soltaba. Cada vez que cerraba los ojos, lo veía morir.

No podía quedarme quieta. Necesitaba hacer algo. Necesitaba golpear, destrozar, arrancar el alma del desgraciado que había jalado ese gatillo.

Mis contactos no tardaron en responder. Un mensaje, un código, una ubicación. En me
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