Capítulo 15.

Las horas siguientes fueron un tormento. Me quedé en aquella fría sala de hospital, con las manos todavía manchadas de sangre seca, caminando de un lado a otro, con la mente hecha un lio. Había perdido la noción del tiempo. Cada minuto era una eternidad, cada sonido de pasos o puertas me hacía girar con el corazón en la garganta, esperando noticias.

Cuando mis padres llegaron, corrí a sus brazos. Mi madre me abrazó con fuerza, sollozando conmigo, mientras mi padre me sujetaba de los hombros com
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