Capítulo 14.
Esa noche, después de la cena con mis padres, me quedé junto a la ventana contemplando la luna. El silencio me envolvía, y sentía todavía la presión de las palabras de mi padre ardiendo en mi pecho. Entonces lo escuché llegar. No tuve que girarme; su presencia llenaba la habitación como una sombra.
—¿Te encuentras bien, Mila? —preguntó Nicolás, su voz grave, más suave de lo habitual.
—Sí… solo contemplaba el cielo. Está iluminado esta noche.
Sentí cómo se acercaba hasta quedar a pocos centímetr