Kira no dijo nada. No presentó a ninguno. Diego notó el gesto y se ofendió de inmediato. Se acercó, alto, de músculos anchos y actitud dominante, y tomó a Kira del brazo con más fuerza de la necesaria.
—Tenemos que hablar. Ya —le gruñó al oído, sin disimular su molestia.
Kira frunció el ceño de inmediato.
—Suelta. Me estás lastimando.
Y entonces ocurrió algo que nadie —ni siquiera Kira— esperaba.
Julian, tranquilo, de complexión magra pero erguido como una torre que no se quiebra, dio un paso