El teléfono vibró sobre el escritorio. Richard lo tomó con calma, como si ya supiera lo que venía. Contestó sin ceremonias, apoyando el cigarro en el cenicero.
—¿Sí?
La voz al otro lado sonó precisa, fría.
—Señor Blackthorne, confirmamos que Migración aceptó abrir la investigación preliminar respecto al matrimonio de Julian Blackthorne y Kira Kovalenko. En los próximos días se le notificará formalmente para entrevistas y revisión de documentos.
Richard sonrió, apenas una curvatura en los labios.
—Perfecto. Eso era todo lo que necesitaba saber.
Colgó, y se recostó en su sillón de cuero. El humo del cigarro flotaba en el aire, mezclándose con el sabor fuerte del whisky que había servido antes.
—Así que, bastardo… —murmuró con sorna—, ahora tendrás que demostrar tu “amor verdadero” ante burócratas que no saben ni deletrear tu nombre.
Se levantó y caminó hasta la ventana, observando la ciudad iluminada bajo la lluvia. El reflejo de su propio rostro en el cristal le devolvía la imagen de u