La puerta se cerró tras él con un leve clic. Julian entró despacio, con la chaqueta aún impregnada del aroma a café. Kira lo esperaba en la cama, sentada contra los cojines, con el cabello suelto cayéndole sobre los hombros. Sus ojos lo buscaron de inmediato, inquietos.
—¿Cómo fue? —preguntó, intentando leerle el gesto.
Julian dejó la chaqueta sobre la silla y se acercó a ella, tomando asiento en la orilla de la cama. No respondió al instante. Le tomó la mano y la acarició, como si en ese gesto