Julian llegó a la estación de policía con el corazón latiéndole a mil. Leo ya lo esperaba fuera, con el ceño fruncido y el teléfono en la mano.
—¿Ya viste el video? —preguntó Leo, sin rodeos.
—Lo vi. —La mandíbula de Julian estaba tensa, sus ojos oscuros y fríos—. ¿Ya están aquí?
—Sí, pero están dentro. Estoy terminando de negociar con el oficial a cargo. No quiero que Vanessa se entere de que tú estás aquí. Confía en mí, esto lo manejo yo.
Julian asintió y se quedó en el auto. Leo entró nuevam