La noche era silenciosa, excepto por el leve zumbido de la computadora que Julian mantenía encendida frente a él. Estaba recostado en su cama, el torso desnudo, las sábanas enredadas entre sus piernas, y una mirada fija, ausente, rota. Había algo dentro de él que no lo dejaba descansar… una tormenta que no sabía si nacía de la frustración, de la culpa, o de algo más oscuro: el deseo contenido.
Volvió a intentarlo. Abrió una pestaña de navegador y buscó videos pornográficos. Era casi una rutina