Mundo ficciónIniciar sesiónEl mediodía se coló por las persianas del despacho de William como una confesión que nadie pidió. Había pasado la mañana escuchando informes, tomando notas que no necesitaba y repitiendo la misma frase a cada asesor: “No haremos nada hasta que sepamos quién toca los hilos.” Pero sabía que la mayor pregunta no era “quién”, sino &ldqu







