Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl mediodía se coló por las persianas del despacho de William como una confesión que nadie pidió. Había pasado la mañana escuchando informes, tomando notas que no necesitaba y repitiendo la misma frase a cada asesor: “No haremos nada hasta que sepamos quién toca los hilos.” Pero sabía que la mayor pregunta no era “quién”, sino “por qué”.
El sonido del ascensor lo sacó de su letargo. Las puertas se abrieron y Marcus apareció, con la camisa aún metida a medias en el pantalón, el rostro cansado y esa mirada que mezcla orgullo y dolor.
William se puso de pie.
—Pensé que te quedarías un día más en observación.







