El amanecer llegó como un animal sigiloso: sin ruido, pero con colmillos. En la torre Blackthorne, los ventanales reflejaban una ciudad que seguía en movimiento mientras, en su interior, tres generaciones planeaban algo que el apellido nunca había hecho antes: defenderse con inteligencia, no con violencia.
William estaba de pie frente al ventanal, con las manos cruzadas detrás de la espalda. Había dormido poco, pero la fatiga parecía una armadura. A su derecha, Marcus revisaba una carpeta de do