Kira estaba sentada en la cama, abrazando sus rodillas, con el corazón apretado en el pecho. La habitación estaba en silencio, pero su cabeza era un remolino de pensamientos y emociones. La noticia aún resonaba en su mente. Julian Blackthorne. No era el apellido lo que dolía. No era el linaje, ni la fortuna. Era la mentira. El silencio. El hecho de que, en todos esos días, entre caricias, besos y confesiones, él eligió ocultarle algo tan importante.
Ella suspiró, tocando con los dedos la sábana