Julian despertó con el sol colándose entre las cortinas, cálido y tenue, como si incluso el clima supiera que no debía interrumpir la paz que había en esa habitación. Sus ojos parpadearon despacio, adaptándose a la luz. Lo primero que sintió fue el cuerpo tibio de Kira, enredada a él como si fueran piezas del mismo rompecabezas. Su cabeza descansaba sobre su pecho, justo donde las cicatrices más profundas recorrían su piel… y, aún así, ella no se alejaba. Todo lo contrario. Estaba ahí, abrazánd