Julian yacía acostado sobre las sábanas revueltas, con Kira recostada a su lado, su espalda desnuda bajo los dedos cálidos de él. Deslizaba la yema de los dedos lentamente por su columna, dibujando círculos perezosos sobre su piel suave, sintiendo la paz más perfecta que había experimentado en años. Kira tenía los ojos cerrados, adormilada, murmurando cosas sin sentido entre sueños, y de vez en cuando sonreía, como si estuviera soñando con él. Julian no podía dejar de mirarla, de acariciarla, d