Mundo de ficçãoIniciar sessãoMientras tanto…
Los peritos llegaron con tardanza de urbe. La policía pretendió un perímetro y no entendió que el perímetro había estado antes. William vio el humo desde la camioneta y apretó los labios: no por miedo, por confirmación. La bodega era un mensaje. Y el mensaje iba firmado con tinta invisible: el mismo cálculo que había hecho de Martha una reina. El mismo gusto por el vacío que la condenaba a jugar sola.
De vuelta en la oficina, el equipo se reagrupó. Hernán desplegó fotos satelitales del muelle, trayectorias, placas falsas, la sombra leve de un hombre sobre la grúa que no era nadie hasta que dejó de serlo. Julian conectó el pendrive a un e







