Mundo ficciónIniciar sesiónLa sede Blackthorne de noche parecía una nave encallada en el centro de Nueva York. Los pisos altos dormían con sus luces de emergencia; el 58, en cambio, respiraba con una claridad quirúrgica. En la sala de juntas —esa boca de mármol y vidrio donde los años habían aprendido a masticar apellidos— el silencio era una cuerda tensa.
William estab







