La casa estaba tranquila cuando Julian cruzó la puerta. La lluvia había amainado, dejando tras de sí un olor fresco que se colaba por las ventanas entreabiertas. Al entrar, lo primero que vio fue a Kira en el sofá, con una manta sobre las piernas y una taza de té caliente en las manos. Luka jugaba en la alfombra con Sol, que había armado un improvisado “campamento” con cojines y mantas.
La escena le arrancó un nudo en el pecho: era justo lo que Richard había querido amenazar. Ese instante de pa