El café de la sala de reuniones era amargo, fuerte, más cargado de lo que cualquiera necesitaba a esa hora. Las persianas estaban medio cerradas, y el murmullo de la lluvia contra los cristales era el único sonido que acompañaba al zumbido eléctrico de las lámparas.
Julian estaba de pie, los brazos cruzados, mirando un punto invisible en la pared. Enfrente, Leo revisaba un folder lleno de documentos, y a un costado, Karim observaba en silencio, con la serenidad calculada de un hombre acostumbra