CAPITULO 8

ALESSANDRO RIZZO

Llegué a la casa y fui directo al sótano, donde todo lo bueno pasaba. El informante se encontraba sentado con las manos atadas.

—Vamos. ¿Por qué lo tienes amarrado, Lucas? Es nuestro informante —hablé con ironía—. Él nos dirá todo, ¿verdad?

El hombre asiente varias veces; está asustado, casi al borde de orinarse en los pantalones.

—Sí, le diré lo que quiera, pero no me haga nada.

Tomo una silla y me siento frente a él.

—Tienes mi completa atención.

—El señor Russo me contrató para comunicarme con el señor Santoro. Él sabía que ustedes dos tenían negocios y eran más cercanos —maldito Russo, sabía que estabas metido en todo esto—. Me acerqué a la empresa Luxury y dejé la tarjeta del señor Russo. Le dije que tenía una buena oferta, pero no di más detalles, solo me fui.

—Continúa —le ordeno.

—Dos días después, el señor Russo volvió a comunicarse conmigo y me mandó la dirección de su casa. La indicación era matarlo a usted.

—¿Cómo supieron dónde vivía?

—El señor Santoro en
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