BIANCA
El silencio entre Bianca y Luca se había convertido en un tercer personaje que los acompañaba a todas partes. Pesado, denso, casi tangible. Habían pasado tres días desde aquella discusión en la biblioteca de la mansión Moretti, donde las palabras habían volado como dagas envenenadas, dejando heridas que ninguno sabía cómo sanar.
Bianca observaba la ciudad de Milán desde el ventanal de su despacho. Las luces comenzaban a encenderse mientras el atardecer teñía el cielo de tonos anaranjados