Rocco se encuentra de pie, frente al gran ventanal de su estudio. El cielo, de un gris acerado, cuelga bajo sobre el mar Tirreno. La línea del horizonte ha desaparecido, fundida con la masa de nubes que se acumulan pesadamente desde el oeste. Un viento cálido, pero errático, agita las ramas de los pinos marítimos y arrastra el aroma salobre del agua mezclado con la fragancia penetrante del romero que crece entre las grietas de los acantilados.
Rocco, con una taza de doble expreso en