—¡Maldición! — Caterina se mueve como una leona enjaulada.
Los hombres de Rocco llegaron a la cala, donde ella estaba tomando el sol con Rebecca, y las obligaron a entrar a la casa. No les explicaron nada en lo absoluto, solo les dijeron que, por órdenes de don Rocco, tenían que esperar en casa, sin salir de la villa.
—Esta no es la vida que imaginabas, ¿verdad? — Bianca, a pesar de estar inquieta, prefiere molestar a Caterina, mientras espera tener noticias de su hijo.