Al llegar a casa, Caterina baja del auto cerrando la puerta de este de un fuerte portazo, como una adolescente enojada con su padre. Aunque la realidad no dista de estar muy lejos, porque, a pesar de que ya no es una adolescente, la ira y la rabia que siente se acaban de extender hasta su padre.
Entra a la casa como alma que lleva el diablo y solo se detiene al ver a Salvatore y a Luca, que acaban de llegar de la estación de policía.
Luca se encuentra