Lo único que Paolo tiene claro es que Gianluca no puede sospechar de él, porque siendo el hombre impulsivo que es, podría dispararle de inmediato, sin ni siquiera detenerse a pensar o preguntar.
—No tenemos información todavía, pero estamos cerca, Gianluca. —Paolo abre los ojos en el momento en el que observa a un casi desquiciado Gianluca empujarlo contra la pared, inmovilizándolo con su hombro y brazo y presionando contra su cuello.
—¿Por qué diablos no lo