El mensaje sellado de Mitani había resultado ser exactamente lo que Amenhotep sospechaba desde que Satiah lo pronunció en el umbral del establo: una advertencia envuelta en el lenguaje diplomático de los reinos que no quieren declarar guerra pero tampoco quieren que nadie olvide que podrían hacerlo. Tres líneas sobre la soberanía de los cedros. Cuatro sobre el derecho de paso de los comerciantes. Y al final, casi como un añadido casual, una frase sobre la salud del faraón de Tebas que no pregun