Pasaron cinco días antes de que el nombre fuera elegido formalmente, porque el protocolo del palacio establecía ese período de observación antes de que el nombre de un hijo real fuera registrado oficialmente, una tradición que Neferet había considerado extraña en sus primeros años en el palacio y que ahora, con su hija en los brazos durante esos cinco días, entendía completamente: el nombre necesitaba tiempo para encontrar a la persona que lo llevaría, no al revés.
En la noche del quinto día, c