Pasaron dos años.
El tiempo, en el palacio de Tebas, tenía la cualidad de moverse de dos maneras simultáneas: rápido en el día a día de las audiencias y los documentos y los pequeños asuntos que llenaban las horas, y lento en la manera en que las personas, observadas de cerca, mostraban el peso acumulado de lo que habían vivido. Merytaten ya caminaba con la torpeza encantadora de quien descubre las piernas como instrumento nuevo, y el reino de Egipto, bajo el gobierno de Amenhotep, había encont