La ceremonia ocurrió setenta días después de la muerte del faraón, cuando los ritos de embalsamamiento y entierro habían concluido con toda la solemnidad que el protocolo exigía, y cuando el reino completo, según las costumbres que llevaban siglos definiendo estos momentos, estaba listo para que el luto cediera su lugar a la continuidad.
La sala de las columnas pintadas tenía, esa mañana, la misma capacidad de producir silencio que había tenido en la investidura de Amenhotep como corregente, me