El documento llegó antes del desayuno.
Era breve, como todos los documentos que contenían cosas importantes en el palacio de Tebas, redactado en el estilo seco e impersonal del escriba real, que nunca había confundido la solemnidad con la extensión. Ocho líneas de entrada, cuatro de salida. La misma mano, el mismo papiro, el mismo sello con la doble corona que hacía tres semanas había conferido a Neferet el título provisional de regente y que ahora, con la puntualidad administrativa de quien ci