El carruaje avanzaba por el sendero empedrado que conducía al corazón del reino. Tras varios días de viaje, las torres de vigilancia de Umbraeth aún no se avistaban, pero la sensación de estar acercándose a un destino inevitable pesaba en el ambiente. Dentro, los movimientos del vehículo hacían resonar cada tabla y cada crujido de madera, aumentando el nerviosismo de quienes lo ocupaban.
Lyanna se mordía el labio inferior, la mirada fija en la ventanilla. Sus manos no dejaban de entrelazarse so