El trayecto desde el castillo hasta aquel lugar no fue largo, apenas una hora a caballo. Risa viajaba en silencio, con la mirada fija en el horizonte, mientras los recuerdos de su infancia golpeaban su mente como un eco persistente. Había aceptado la idea de que allí, tras los muros de Umbraeth, se escondía un refugio para híbridos, pero en el fondo de su corazón esperaba encontrar chozas improvisadas, hambre y miedo. Era lo que siempre había conocido. Era lo único que creía posible para los su