El silencio era tan pesado que parecía que hasta las paredes del salón contenían la respiración. Lucian, con la mano de Lyanna firmemente sujeta en la suya, esperaba la sentencia de su rey. Los nobles observaban con miradas expectantes, algunos escandalizados, otros intrigados, todos tensos como si el mundo pudiera quebrarse en cualquier momento.
Rhaziel descendió los escalones del trono con pasos lentos y seguros, cada uno resonando como el eco de un tambor en la penumbra. Su imponente figura