El silencio después de la partida de Noctara resultaba casi insoportable. Era un silencio espeso, cargado de electricidad, como si la habitación misma contuviera la respiración.
Risa permaneció en el suelo, apoyada contra el pecho de Eithan, sintiendo su propio pulso retumbar como un tambor enloquecido.
La luz dorada que corría por sus venas no se desvanecía.
De hecho… crecía.
—Risa… —Eithan tocó su mejilla con suavidad—. Necesito que respires conmigo. ¿Sí? Inhala… exhala…
Ella trató. Lo intent