La vibración que estremeció la habitación se intensificó con un gemido gutural, como si las paredes respiraran. Las lámparas parpadearon; la luz se estiró en líneas deformadas antes de contraerse en un latido metálico. Risa apretó los dientes. El aire sabía a hierro… y a algo más. Algo antiguo.
Un frío profundo se deslizó por su columna, trepando como dedos invisibles.
Eithan retrocedió un paso.
—Risa… —su voz se quebró—. ¿Qué estás sintiendo?
Ella no podía responder. El pulso oscuro seguía tir