El sol caía en el horizonte cuando los carruajes del rey partieron rumbo al reino demoníaco. Las ruedas rechinaban sobre el camino empedrado, escoltadas por filas de soldados con armaduras negras que reflejaban la luz del ocaso. El estandarte real ondeaba, anunciando a todos los reinos que el rey Rhaziel se ponía en movimiento.
Dentro del carruaje principal, Risa permanecía en silencio. El terciopelo rojo de los asientos y los bordados de oro la rodeaban, pero para ella nada de aquello era herm