La primera noche después de la fusión no tuvo luna.
Solo un resplandor tenue que surgía del cuerpo de Risa, suspendida en medio del salón vacío, como si la oscuridad misma la observara.
Su piel ya no pertenecía al mundo de los hombres: era una superficie cambiante, de tonos dorados y cobrizos, cubierta de runas que se formaban y deshacían con cada respiración.
Noctara se mantuvo a distancia.
No por miedo, sino por respeto.
Sabía que cada palabra podía alterar el delicado equilibrio que mantenía