Mundo ficciónIniciar sesiónArabella caminaba por el corredor principal del castillo con la cruel elegancia de quien acababa de ganar una guerra silenciosa. Sus dedos pálidos sostenían una daga ensangrentada, que limpiaba con calma en la seda de su vestido, como si la hoja fuera solo un cubierto manchado tras una cena trivial. Detrás de ella, un guardia la seguía con pasos contenidos, sosteniendo un paño grueso empapado de sangre. El envoltorio que llevaba en sus manos firmes desprend&







