Anidado entre montañas ancestrales, cuyos picos se desvanecían bajo una niebla eterna, el territorio de la manada Blackmoon permanecía oculto a los ojos del mundo. Árboles tan antiguos como el propio tiempo se alzaban como columnas de un templo sagrado, sus troncos gruesos cubiertos de musgo espiralado. Las ramas altas se entrelazaban en el cielo, formando una bóveda natural que bloqueaba la luz del sol. Era como si el propio bosque protegiera aquel lugar de todo lo que venía de fuera. Solo la