Aidan
La luna creciente se alzaba sobre el bosque mientras yo permanecía inmóvil en la oscuridad, observando la ventana de Noelia. La luz de su habitación seguía encendida a pesar de la hora. Mi cuerpo entero vibraba con la necesidad de acercarme, de sentir su aroma, de protegerla. Pero me mantuve firme, clavado al suelo húmedo del bosque, castigándome con la distancia.
Había pasado una semana desde nuestro último encuentro. Una semana de tortura, de vacío, de hambre que no podía saciar. La mar