El siseo metálico de las puertas del ascensor al cerrarse marcó el inicio de una cuenta regresiva. Stefany no esperó a que el tablero marcara el siguiente piso; extendió su mano enguantada y presionó el botón de parada de emergencia. El cubículo se detuvo con un sacudón seco, dejándolas suspendidas y en un cara a cara.
—Escúchame bien, perra —soltó Stefany, abandonando toda pretensión de elegancia. Se giró con una lentitud predadora, dejando que su perfume sofocante llenara el espacio—. No sé q