Maximiliano entró en la oficina de Alexander con la seguridad de quien no necesita pedir permiso. No hubo protocolos largos. Se sentó frente al escritorio, abrió la carpeta de cuero y deslizó el documento final. Maya estaba de pie junto a Alexander, con una mano apoyada en su hombro, observando el papel que representaba el fin de la era Mayer.
—Aquí tienes, Alexander. Firma directa, despliegue global y sin intermediarios —dijo Maximiliano, dejando una pluma de oro sobre la mesa—. Arthur ha inte