El apartamento de Camila nunca había estado tan lleno de energía. El aire olía a laca de cabello, perfume caro y el aroma reconfortante del café que Amanda, la madre de Camila, preparaba en la cocina. Maya estaba sentada frente a un espejo de tocador, con el corazón martilleando contra sus costillas. A sus espaldas, un maniquí de costura sostenía su vestido de novia, la culminación de meses de planificación y el símbolo de su nueva vida con Alexander.
Amanda, con una paciencia maternal que siem