Javier
Víctor y yo nos acercamos al edificio por la parte trasera. Tenía armas ocultas bajo la camiseta, en la cintura y en el tobillo. Hombres de la mafia vigilaban el perímetro, pero estaban más lejos de lo que me gustaba. Si alguien estaba dentro del apartamento con Claudia, no quería que nos viera llegar.
—¿Crees que hay alguien dentro? —preguntó Víctor en voz baja.
Escaneé las ventanas y los balcones. Macetas sobre los alféizares, luces colgando de las vigas. Un gato negro se sentaba frent