Javier
Necesitaba más que una ducha para quitarme a Raquel de encima.
Su olor estaba por todas partes. Había invadido cada fibra de mi habitación. Cada pensamiento en mi cabeza. Estaba quitando las sábanas en un intento desesperado por exorcizarla del espacio cuando alguien llamó a la puerta.
—Pasa —dije. Hice un ovillo con la ropa de cama y la lancé hacia el armario. Igual tenía que quemarla para eliminar el olor a fresas con crema que había dejado.
Esperaba que fuera Miguel revisando si podía