Javier
Seguíamos tirados en la cama unos minutos después cuando la puerta se abrió de golpe y mi hermana irrumpió como un vendaval.
—¿Dónde demonios te has metido todo el día? Llevo llamándote y—
Se frenó en seco en mitad de la habitación. La boca se le curvó en una sonrisa mareante.
—Oh —fue todo lo que consiguió decir—. Oh.
Raquel se apresuró a subirse las sábanas hasta el cuello. Yo agarré el edredón y se lo lancé encima mientras fulminaba a mi hermana con la mirada.
—¿Te importaría una mier