Javier
Se suponía que todo esto era falso.
Cada vez que la miraba, la luz se filtraba por la ventana en ángulos distintos a medida que pasaban las horas, y no lograba encajarlo en mi cabeza. ¿Cómo podía algo que, en teoría, era mentira sentirse tan jodidamente real?
Mi teléfono estaba Dios sabía dónde. Aparte de un par de platos de comida que Miguel había dejado frente a la puerta, no había interactuado con nadie en más de catorce horas. Habíamos follado, hablado y no hecho absolutamente nada…