Javier
Miré la puerta del baño una y otra vez, como si la respuesta a la pregunta que me daba vueltas en la cabeza fuera a aparecer allí.
Justo cuando decidí que Raquel llevaba demasiado tiempo dentro —la friolera de cinco minutos— y que debía ir a buscarla, sonó mi teléfono.
Respondí la llamada y entorné los ojos al mirar por el escaparate hacia la oscuridad exterior, donde sabía que Víctor estaba montando guardia.
—¿Qué quieres?
—Quiero saber si debo daros un poco de intimidad. Ahí dentro se