Raquel
Me senté en el borde de la cama y me quedé mirando la bolsa negra dentro del armario. El papel de seda escarlata asomaba por arriba, una insinuación descarada de lo que se escondía en su interior.
Ayer por la tarde, en la tienda de sexo, me había sentido poderosa. Con los dedos de Javier recorriendo justo los lugares donde más lo anhelaba, con toda su atención puesta en mi placer, comprendí de golpe lo embriagador que podía ser el control. Y cómo alguien podía llegar a necesitarlo.
Luego