Javier
Desde fuera, la tienda parecía una boutique cualquiera de la calle.
—¿Le Plaisir? —Raquel frunció el ceño al leer las letras doradas sobre la puerta—. ¿Vamos de compras? Creí que Miguel ya me había comprado todo lo que necesitaba.
La idea de Miguel entrando en ese lugar me arrancó una carcajada.
—Hay cosas que prefiero manejar yo mismo.
Abrí la puerta y la hice pasar. La campanilla tintineó anunciando nuestra llegada, pero Raquel no dio más de dos pasos antes de quedarse clavada en el si