ALMAS DESTINADAS - UN CÁLIDO ABRIGO
Caminaron uno al lado del otro sin decir nada durante los primeros metros. La ciudad parecía distinta después del susto, como si las luces fueran más duras y las sombras más largas. Sarah llevaba los brazos cruzados sobre el pecho, no solo por el frío, sino porque su cuerpo seguía intentando recomponerse. Cada paso era una confirmación silenciosa de que seguía ahí, de que estaba avanzando y no volviendo a correr.
Él caminaba a su lado con el mismo ritmo, sin